Un país es país, con su pasado y su futuro, cuando la mayoría de las personas, que lo constituyen lo sienten como tal. Un símbolo es solo un símbolo: un logo, una porción de tela, unos colores. En ocasiones, las enseñas se convierten en símbolos del anhelo de un pueblo. Es entonces cuando cobran utilidad, al convertirse, sencillamente, en activadores de sentimientos propios de identidad.

Cabe también que las enseñas no representen los anhelos de un pueblo, sino que sean impuestas por la ley de la fuerza, por la fuerza de la ley. También entonces cumplen su función, pues se convierten en símbolos de la imposición, recordatorios de las carencias de nuestra convivencia.

La bandera española es un símbolo impuesto bajo amenaza de sanción en la institución superior de Gipuzkoa. En contra de la voluntad mayoritaria de los guipuzcoanos y guipuzcoanas, en contra de la capacidad decisoria de sus representantes. Ello constituye una falta de respeto a la voluntad popular, una negación del derecho a decidir libremente. He ahí la bandera, símbolo de esta situación, puesta por quien no desea hacerlo, a la que el viento ondea con ironía.

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