CRISIS ECONÓMICA ( I )


Globalización

La gravísima crisis económica que ha afectado tanto a países desarrollados como a países emergentes, no es una crisis coyuntural, derivada exclusivamente de los ciclos económicos, es estructural y se ha originado después de años de crecimiento económico desequilibrado.

En los últimos 15 años, con la caída del comunismo, el desarrollo de las comunicaciones, incluido Internet, se ha producido un nuevo fenómeno llamado “Globalización” que ha consistido en eliminar las barreras que existían entre diferentes regiones, países e incluso continentes. Las barreras políticas, de transporte, culturales, de comunicación, idiomáticas y hasta tecnológicas que habían limitado las relaciones comerciales, han desaparecido.

Este incremento del comercio internacional ha posibilitado un crecimiento económico sin precedentes a nivel mundial, siendo los países emergentes (China, India, Brasil, Rusia, etc…) los que más han crecido, llegando a ser el 10% en el caso de China. El mundo más desarrollado crecía a ritmos del 3% sostenidamente.

Consecuencia

Es lógico, necesario y hasta deseable que un país en vías de desarrollo, produzca durante un período de tiempo más de lo que consume, esto es, que exporte más de lo que importa y que acumule superávit comercial (ahorro) que le permita invertir en infraestructuras, tejido industrial, etc., para poder pasar algún día a ser un país desarrollado.

Sin embargo, estos superávits comerciales de los países emergentes, que deberían haber sido temporales, al no tener todavía una demanda interna desarrollada, se han ido consolidando como permanentes, produciendo desequilibrios estructurales. Y este desequilibrio, simplificando a efectos didácticos, ha consistido en que los países emergentes producen (y ahorran) y los desarrollados consumen (y se endeudan).

Esta situación no hubiera durado si no es por un factor adicional que es que los países desarrollados han tenido crédito, esto es, los países emergentes les venden y además les financian las compras, al considerarles “ricos”.
Y así los países desarrollados acumularon déficit exterior (más importación que exportación), deuda externa (ya que las compras estaban financiadas), superávit público debido al gran consumo, buenos niveles de empleo y una gran inflación de los activos: Altos precios inmobiliarios.

Pero todos sabemos que el crédito tiene un límite. Y este límite lo pone la Banca, que es la que intermedia entre prestamistas y prestatarios con la garantía de sus fondos propios.

La Banca

Es evidente que la Banca, en estos años de desarrollo, no ha hecho bien su trabajo. En un modelo de incentivación desmesurada tanto a accionistas como a directivos ha desarrollado instrumentos financieros (sociedades especiales fuera del control del regulador, productos derivados, ingeniería financiera), que maximizaban el beneficio a corto plazo pero asumiendo riesgos excesivos que al final han estirado demasiado el crédito.

Los reguladores y la regulación se han visto totalmente superados, y así, en muchos Bancos los fondos propios no han sido suficientes para asumir las pérdidas que después se ocasionaron. De esta forma, el papel de “cortafuegos” que tiene el sistema financiero para garantizar los ahorros, se ha visto en peligro y han tenido que ser los propios Estados los que directamente (garantizando depósitos) o indirectamente inyectando fondos en el sistema financiero, los que han asumido ese papel de “cortafuegos”.

DESENCADENANTE DE LA CRISIS. VERANO 2007

Se rompe el círculo vicioso. La chispa que lo inicia es la crisis de los préstamos “subprime” (también llamados hipotecas basura) en USA. Cuando se descubre que las garantías con las que los países emergentes habían financiado a los países desarrollados, garantías inmobiliarias en gran parte, no eran tan buenas como parecían, se cortó el crédito. Sin crédito el crecimiento del comercio mundial se paró. El mundo desarrollado no podía comprar, pero por otro lado los países emergentes no podían vender su producción.

Efectos: los préstamos de dudoso cobro aumentan; los bancos cierran los créditos con riesgo de colapso financiero; sube la inflación de bienes y servicios porque la producción propia no cubre la demanda; se genera un déficit público por la gran caída del consumo; desempleo; gran caída de los activos inmobiliarios.
Ahora podemos decir que el colapso financiero se ha evitado, por la intervención de los Estados, pero el problema de fondo del modelo de crecimiento desequilibrado persiste. Y es el que habrá que solucionar para salir debidamente de la crisis.

DIAGNÓSTICO ACTUAL

Hay cuatro Países en el mundo desarrollado que tienen un desequilibrio importante de la estructura de balanza comercial: consumen más de lo que producen y por tanto han acumulado deudas importantes. Es decir, han vivido los últimos años por encima de sus posibilidades: a crédito. Estos Países son: EE.UU., Reino Unido, España e Irlanda.

En los cuatro, este exceso de crédito ha provocado un boom inmobiliario bajo la apariencia de que ese crédito era sano y seguro por tener garantía real (hipotecas sobre pisos). De manera que ese desequilibrio comercial, que en situación normal se hubiera ajustado en pocos años, se ha mantenido más de lo debido a causa de ese boom inmobiliario que permitía crecer a la economía a costa de endeudarse y ocultando o tapando graves debilidades de la economía que no sólo no se han corregido, sino que se han agudizado.

Nos encontramos, por tanto, con países que tienen un tejido productivo e industrial insuficiente para mantener el nivel de consumo y por tanto de vida una vez deshinchada la burbuja inmobiliaria. Y se empieza a hablar de la necesidad de un nuevo modelo productivo. Y aún siendo verdad, no es cosa fácil el conseguirlo. Exige que durante un período de tiempo se produzca más de lo que se consume, esto es, se exporte más de lo que se importe, y se acumule un ahorro (superávit comercial) que permita invertir para mejorar el tejido productivo e industrial. Es decir, exige esfuerzo desde el comienzo con la formación, hasta el final, en el trabajo empresarial. Y exige otros valores y principios diferentes a los actualmente vigentes, como visión a largo plazo, valor del esfuerzo, capacidad de sacrificio, ahorro, honradez, valorar lo colectivo y por tanto la solidaridad.

En economía esto se llama “política de oferta”, es decir, políticas tendentes a aumentar la producción. Cuando son preventivas requieren esfuerzo y trabajo (formación, innovación, flexibilidad, productividad, etc.), pero cuando el trabajo preventivo no se ha hecho y se requieren medidas de choque, éstas pueden ser dolorosas y provocar sufrimiento: reducciones de plantilla, de sueldo, paro, traslados, subidas de impuestos, reducciones de ayudas, etc.

Pero si son necesarias, que lo son, mejor hacerlas antes que tarde, ya que al final son inevitables. La alternativa sería la definitiva reducción del consumo y del nivel de vida. En economía, antes o después todo se ajusta.

SITUACIÓN EN ESPAÑA

El modelo general descrito para los países desarrollados es el de España. Por tanto, España, es parte del origen de la crisis actual.
Adicionalmente, este modelo económico desequilibrado de España, se ha visto agudizado por los factores siguientes:

· Entrada de importantes Fondos de Cohesión europeos, que han aumentado más la demanda interna.
· Mayor peso del sector inmobiliario y de la construcción, derivado de esa mayor demanda y de la cultura de “Casa=Inversión segura”.
· Abandono de la industria propia por ausencia de Política Industrial.
· Tipos de interés excepcionalmente bajos, según parámetros históricos.

España tiene la balanza exterior más desequilibrada del mundo, junto con Estados Unidos: 10% del PIB es déficit. Esto demuestra hasta que punto se ha vivido por encima de sus posibilidades.

En estos momentos hay un error en el diagnóstico o por lo menos en el mensaje que se está trasladando. La crisis económica no es un fenómeno exógeno, como un fenómeno meteorológico: está directamente ligado a lo que se haga.

Se está incurriendo en más endeudamiento público, cuando lo que habría que hacer es ahorrar para tratar de reducir ese endeudamiento.

Las perspectivas son negativas, debido precisamente a la dificultad de reequilibrar la balanza exterior, que es lo necesario para salir de la crisis.

No existe la posibilidad de una devaluación, que quizá sería el medio más práctico para mejorar la competitividad exterior. El ajuste se producirá vía incremento de productividad o si no vía desempleo. Si tenemos en cuenta que el aumento de productividad, en el mejor de los casos, lleva un tiempo, es más que previsible un aumento muy importante del paro en España.

SITUACIÓN EN EUSKADI

El modelo general de crecimiento desequilibrado descrito no es el de Euskadi. Su estructura productiva se parece más a la de Alemania, por poner un ejemplo, que a la de España. No hay déficit exterior, sino superávit (vendemos más de lo que compramos) y no estamos endeudados. El peso del sector inmobiliario es sensiblemente inferior al de España y disponemos de una industria competitiva.

Esto quiere decir que no somos parte del origen de la crisis. Ahora bien, la sufrimos porque nuestra economía depende en gran medida de nuestro entorno. Para nosotros la crisis sí es algo que nos viene de fuera. La crisis nos afecta, como por ejemplo a Alemania, en forma de caída de demanda exterior, pero podríamos decir que una vez recuperada la coyuntura internacional la economía vasca debería recuperarse.

Pero hay un problema, y es que el mayor mercado de la economía vasca es la española. Si como hemos visto ésta sí tiene un problema estructural del que tardará años en recuperarse, las ventas que se hacían al mercado español, no volverán. Hay que buscar mercados sustitutivos.

Estos mercados son más difíciles, más competitivos, están más lejos y son en gran parte desconocidos. Se van a necesitar mejoras importantes de nuestro tejido industrial en términos de tecnología, competitividad, dimensión, internacionalización, etc.

Hemos vivido años buenos, con ventas fáciles y hemos perdido competitividad.

Nos toca sembrar de nuevo y preparar otro período de prosperidad con el esfuerzo y el compromiso colectivo de todos. Con los valores de siempre, que no deberíamos de perder, porque son los que nos han posibilitado llegar a donde estamos.

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